cuando
tenía yo ocho años a nuestra tutora en la escuela se le escapó una de las primeras verdades a la que todo niño tiene que hacer frente.
a esas alturas, muchos de la clase ya lo sabíamos pero algún que otro despistadillo había aún a quien los ojos por un momento se le llenaron de lágrimas contenidas, cuyos padres quizá esperaban a que fuera una profesora de escuela quien les sacase las castañas del fuego.
me acuerdo que entonces empecé a pensar en el gran tinglado que había montado alredor de ese engaño (revisitando escenas y momentos como cuando has terminado de ver
el
sexto
sentido y quieres saber donde estaban las pistas que se te escaparon para no descubrir el desenlace), cómo los medios de comunicación también participaban de ello, cómo mis vecinos, el párroco de la iglesia, mis familiares, todo el mundo tomaba parte en el engaño colectivo a los pequeños, a veces con una ilusión mayor que la que ellos mismos experimentaban.
y recuerdo también que por unos instantes, antes de entender la buena voluntad que había detrás del asunto y de reirme con la
polaroid de mi padre que os explicaba el otro día, me cabreé con todo el mundo, porqué acababan de tirar al suelo mi fe en la ilusión, en que algo mágico podía existir (más tarde descubriría que había otras clases de magia, pero esas se reservaban para la vida adulta).
ayer, mientras estábamos viendo el desfile, escuchaba a unas señoras detrás nuestro decir por lo bajinis que este tipo de ilusiones y sorpresas nunca vuelven a tenerse en la vida.
pues bien, tengo una sorpresa de dimensiones parecidas para esos adultos ávidos de sensaciones:
los padres son un invento de los reyes magos.
sí.
los
reyes nos han hecho creer en unos padres modélicos, perfectos y sujetos a la forma fija de un hombre y una mujer.
al igual que en el caso inverso, los medios de comunicación, los vecinos, los familiares, la iglesia y determinadas organizaciones también nos han hecho partícipes del engaño, cabreándose enormemente además cuando alguien les ha intentado mostrar que esa creencia no tenía fundamento.
y de repente pensé en los ridículos argumentos que sostienen determinados foros y páginas web de derechas para no modificar la imagen estática de la unidad familiar, la tenacidad con la que exponen sus creencias, y me imaginé a un niño en el colegio explicando teorías científicas que defendiesen ferozmente la existencia real de unos camellos voladores cargados de oro, incienso y mirra.
entiendo que un niño necesite esa ilusión y que le cueste renunciar a ella.
pero que un grupo de adultos me intenten vender la moto porqué son incapaces de desmontar su ilusión y en ese proceso necesiten desautorizar y denigrar a según que colectivos, más que llevar mirra, me parece que lo que lleva es morro.
nosotros pudimos seguir viviendo sabiendo que los
reyes no eran quienes pensábamos. ¿
por que no podrán hacer ellos lo mismo con los padres?
a este post lo acompañó: lies de the arcade fire